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Los 'Héroes' de la Comedia

 

Tsé Meng Do-Nao se alegra de estar en la TVC.
Tsé Meng Do-Nao se alegra de estar en la TVC.
(Fotograma de "Torerocidio")
H
ace poco un televidente se comunicó con Fabio, el Director del Centro de Estudios Sociales del ICRT para hacerle una observación. A todas luces quería dejar bien claro (hablo de Fabio) que el televidente en cuestión nunca utilizó un tono fuera de lugar o agresivo, pero en conclusión quería quejarse por el personaje de “chino” que Luis Alberto García interpreta en nuestra serie.

Decía que no era un ejemplo de la cultura china y que era contraproducente el nombre con que lo habíamos bautizado en nuestro programa. Enseguida riposté:

- Debió comenzar por reconocer que hace mas de treinta años no aparecía un personaje chino en un programa televisivo.

Parecía que mi interlocutor (Fabio) no se sentía muy cómodo, pero yo proseguí mas o menos en el mismo tono, diciendo que era increíble
La magnífica interpretación de Luis A. García apenas permite descubrirlo bajo la piel de su personaje.
La magnífica interpretación de Luis A. García
apenas permite descubrirlo bajo la piel
de su personaje.
cómo en nuestro país la gente se siente en la capacidad de criticar algo de la televisión  en el tono de “No expreso un malestar… pero es improcedente...”

Al proseguir mi camino sentí desazón... Fabio siempre ha sido un excelente interlocutor, con más enseñanzas que regaños y... me dejó la impresión que no le había tratado todo lo bien que su figura me inspira. Entonces repensé el porqué de mi molesta respuesta.

Aristofanes el ateniense.
Aristófanes,
el ateniense.
Estoy absolutamente convencido que los roles de la comedia NO PUEDEN girar sobre personajes positivos. De hecho, el inicio mismo de la comedia está signado por datos relevantes: las comedias más antiguas que se conocen, son de la antigua Grecia, de Aristófanes. La Enciclopedia Encarta apunta que las obras de este dramaturgo primitivo eran de una estructura muy cuidada… “Su comicidad consistía en una mezcla de ataques satíricos a personalidades públicas del momento, atrevidos chistes escatológicos y parodias aparentemente sacrílegas de los dioses”. O sea, lo mismo de hoy en día.

En mi mente se ha asentado, producto de varios procesos que no logro identificar, porque sucedieron desde mi mas temprana edad, que el pueblo chino y en especial “los chinos” en Cuba, son un gente extremadamente laboriosa, sacrificada, con excelentes dotes artísticas, una paciencia a toda prueba y un exquisito gusto. Los chinos, en la tintorería, en las bicicletas, en las cocinas humeantes, en los portales trabajando una pieza cerámica, los chinos aplicando conocimientos médicos no reconocidos por la medicina tradicional… esas son imágenes que me vienen a la mente en cuanto pienso en el tema. Muchas de esas cualidades han enriquecido a la cultura cubana (entendiéndose por cultura el conjunto de valores éticos y estéticos que singularizan a un pueblo). Cuba le debe mucho a los chinos… desde “el médico chino” hasta a Wilfredo Lam. El monumento que se erigió en Línea y M no hace más que dejar constancia de esos entresijos que se han solidificado entre chinos y cubanos.

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Una ausencia impresionante de ese importante componente cultural cubano venía prolongándose durante treinta años y cuando aparece el primer representante en todo ese tiempo… “¡No me gusta!” es lo primero que se dice.

El cubano (sea chino, judío, caucásico o negro… o todas ellas a la vez, que es lo más común) ha desarrollado una intolerancia respecto a la comedia que ha sido, es y seguirá siendo durante el tiempo en que siga subsistiendo, el eje sobre el que va a girar el desarrollo del humorismo en sí. Imagínese si cada vez que salga un personaje negativo en un programa humorístico, el sector poblacional que se sienta identificado por causa de raza, sexo, religión o condición social, pone el grito en cielo… es curioso que nadie ha protestado por Chivichana… será que, afortunadamente, pertenezco racialmente a esa mezcla armoniosa de todo… en lo que no se identifica nada en específico. Y lo simpático es que ningún héroe en el sentido escolástico de la palabra, clasifica para sujeto del humor… es imposible hacer comedia con los héroes, es de una utopía idiota tratar de provocar risa con los personajes que se sacrifican, que mueren por ideales, que llevan una vida armoniosa y plena…

El protagonista del humor debe ser contrastante con los ideales humanos. Es en ese contraste donde se esconde la chispa que puede provocar la hilaridad.

Moliére, dramaturgo francés del siglo XVII.
Moliére está entre quienes más
temprano comprendieron
que los personajes cómicos
estaban bien lejos del
idealizado héroe dramático.
Nuestra intolerancia llega a niveles tales que podemos, en ese camino, negar la realidad, y con ello quitarle la posibilidad al humor de investigar los caminos del desarrollo social, del subconsciente colectivo (e individual) y del cuestionamiento de la realidad, por ejemplo, que son sólo algunos de los objetivos del humorismo consiente.

Muchas personas se preguntan en Cuba cuál es la raíz de la crisis del humor. Yo siempre respondo que el humor no puede entrar en crisis, porque, como todas las formas de hacer arte, está atada en forma y contenido a una realidad histórico-concreta. El humor existe, por decirlo de alguna manera, quieras o no quieras. Hay ser humano y hay humor. Aunque nadie se ría. El encuentro del ser social con su ideal y el contraste que esto tiene con la realidad, es el primer paso de la risa. Los mecanismos de evaluación, de percepción y de aceptación de ese humor son los que entran en crisis cuando tratan de oponerse al humor.

En dos palabras: vale mas ocuparse de algo a lo que ataca el humor, que de atacar al humor por ocuparse de algo.

Debemos comprender que el humor es como la música o la pintura, está ahí y es de buena calidad o de mala calidad en base a los mecanismos humanos a los que acude, a los procesos mentales del receptor y a que para llegar a ello no tenga necesariamente que sacrificar el intelecto. Es una forma de expresión eso sí, que no debe apoyarse en instintos bajos o primarios, que no debe hacer loas de las vilezas del ser humano.

El héroe de la comedia no está en el escenario, el héroe, que es quien encuentra las contradicciones de los antihéroes de la comedia, si está en algún lugar, es en la platea.

Ulises Toirac